Es sentir que se te quiebra el alma en cada latido de un corazón lastimado
por tu olvido y tu desdén. Es saber que tu ausencia es ahora mi compañía y no
estarán tus ojos café para beber sus miradas y me causen insomnios…
Es saber que te perdí sin haberte tenido, que pasaste por mi vida sin
quedarte, como un alma errante que no encuentra su lugar en la eternidad.
Pasaste y dejaste huella en mi vida, una en forma de herida que sangra y duele. Y te extraño, y en cada rincón oigo el eco de
tu risa, y mis labios tienen intacta la tibieza de cada beso que te dí…, pero
ya no te tengo, nunca te tuve.
Esa fue la utopía que alimentó mi alma mientras estuviste
a mi lado: que el cielo me bendijera con el milagro de tu amor; pero los cielos
se hicieron de hierro para mi clamor, por eso no se hizo realidad mi anhelo.
Hoy me marcho de tu lado, llevando en mi equipaje los retazos de una
dignidad ultrajada por mi empeño en hacer parte de ti, con ellos reconstruiré
ilusiones y sueños que podré ofrecerle incompletos a otro viajero que pase por
mi vida y que sí quiera hacer de mi corazón su hogar. No te dejo ir, me marcho
yo, no para huir de mis sentimientos, porque esos van atados a mi , sino para
tener la valentía de olvidarte, de matar de a poco mi gran amor por ti.
He necesitado ser más valiente para irme que para intentar robarme tu
corazón. Sé que no me detendrás …y eso me duele mucho más.






