viernes, 2 de octubre de 2015

Cicatrices





Duele tu ausencia, que no sea yo por quien sonríes, dueles tú, amor imposible mío, tan inalcanzable como un lucero en el cielo; vivo resignada a tu olvido, pidiendo al cielo el milagro inesperado de tu regreso, que vuelva intacto aquel amor que me tenías.

Y sí, las cicatrices son marcas de guerra, pero ya quiero tiempos de paz. No quiero seguir en esta batalla con tus recuerdos, que se esconden en un rincón de mi memoria. No te puedo olvidar, estás tatuado en mi mente con la tinta indeleble de tus caricias, de los dedos que dibujaban sobre mi piel invisibles huellas de amor que me estremecían y que hoy te mantienen vivo en mí.


Tus ojos, tu sonrisa, tu voz, me parecen ahora tan lejanos.  Lo que alguna vez me hizo tan feliz es ahora el motivo de interminables noches de llanto y melancolía. Sigo amándote infinitamente, y lo haré hasta que Dios disponga el fin de mi agonía, y llegue otro amor. Por ahora, déjame soñar con tenerte, con recrear en mi memoria cada uno de nuestros días felices y así darle sentido a mi existencia, que ya no es vida desde que tú no estás.

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