Y me descubrí contando tus pecas, mientras tú tratabas de
unir los lunares de mi espalda a punta de besos. El roce de tu barba en mi
cuello, erizándome los pensamientos…Y luego ese beso ¡Oh! Aquel beso guardado
por años, de exquisito sabor, cual vino añejo derramado sobre mis labios;
dulce, embriagante, adictivo. Me besaste como si el mundo terminara entre tus
labios, cual si fuera el último suspiro, y no hubiera un despertar. Como si
fuera el fin y el principio de todo aquel beso que tanto anhelamos…
Hoy sigue vivo en mi memoria el recuerdo de tus besos,
embriagados de pasión, de inagotable ternura. Tu piel, tu sonrisa...tus ojos,
¡ay, esos ojazos! tan oscuros como una noche de mayo, me miraban sonrientes,
más brillantes que una nueva estrella; Y yo: hechizada con tu aroma, puedo
decir que conocí el sabor del cielo, enredada en tus besos, con el roce de tus
manos, perdida en tus pecas y tú en mis lunares…






